Un líder se mide cuando aparece la tragedia, no cuando reina la paz. Ahí es donde se ve de qué están hechos. El día del terremoto yo estaba en una videollamada de trabajo en casa. Al otro lado estaban dos amigos —los que más amo, por cierto— y, justo cuando empezábamos a hablar, empezó el temblor. Ellos vieron el terremoto en vivo porque ambos están en el exterior. Uno de ellos decía: «¡Mierda, mira cómo se mueven los cuadros! ¿Qué está pasando?».
Yo colgué la llamada cuando terminó el movimiento y no me levanté; desde mi sofá, frente al computador, le decía a mi familia que se calmara y que todo eso iba a pasar. Todo el mundo me miraba con cara de shock. Cuando terminó el temblor les dije: «Voy a colgar, ahora los llamo». Salí con mi familia, recibí una llamada de mi hija Sofía, luego llamé a mi hija Laura y fui a buscar a mi padre, que no atendía mis llamadas. Cuando los tuve a todos a salvo, me dirigí a La Pastora y a Catia a ver personalmente cómo estaban mis manos derechas en Caracas: Dubraska y la maracucha.
Cabeza fría
Luego le escribí a Henry Ramos. Al día siguiente ya conocen la historia: estaba en el lugar de los hechos llevando la poca ayuda que se pudo. Lo peor que puede hacer alguien que quiere mandar es quedarse inmóvil ante un problema, actuando desde el desespero y sin cabeza fría.
Desde que Dinorah Figuera vino y se reunió con el médico experto en salud mental, Jorge, hasta hace unas horas, Henry Ramos Allup mantuvo un silencio sepulcral. Lo acompañamos al día siguiente a una gira en Barcelona y soltó, solo solito, una gran verdad:
«Van a querer destruir la unidad, y a mí no me interesa lo que digan fuera; a mí lo que me interesa es lo que decidamos los venezolanos».
Se mantuvo en silencio, y era obvio que Dinorah —que no es jefa de nada, sino militante a secas de Primero Justicia, así como militante es el cronista de esta columna de Acción Democrática— estaba aquí por orden y encargo de su jefe, mi amigo Julio Borges, y no de los americanos, como ella misma se autoproclamó. Y, si fuera este el caso, el encargo estaba naciendo mal planteado, porque aquella reunión con el médico Jorge estaba logrando en minutos lo que Jorge y su jefe Nicolás no habían conseguido en años: implosionar la Plataforma Unitaria.
Cuando el temblor pasó a terremoto y se anunció que el 1 de agosto —día de Jesús de la Buena Esperanza, en el barrio El Silencio donde yo nací— se iba a dar una reunión entre Dinorah y el Médico Jorge para repartirse magistrados y rectores del TSJ, entonces Henry le mandó el dardo en la viral entrevista de La Gran Aldea:
«La Plataforma Unitaria no podría participar en un proceso donde todos sus miembros no estén representados».
Inmediatamente, el terremoto empezó a tener réplicas. Los medios titularon y el mundo político reaccionó. Mayoritariamente, los partidos de la Plataforma lo apoyaron, así que Dinorah quedó tan sola que tuvo que salir el Departamento de Estado con un comunicado (de esos que parecen de emergencia) cuando ya los daños eran catastróficos, todo para intentar salvar una negociación que nacía agonizando en el hospital de las tragedias que son las negociaciones con el médico Jorge.
Henry le dio una clase a los políticos de oposición arrodillados a la administración Trump —muchachos meritorios y valientes, pero que no tienen el kilometraje de Ramos Allup— y les mandó un mensaje entre líneas a los americanos: «No se equivoquen. Que nos diga Dinorah que los americanos no permiten la ampliación de la representación y que deben ser únicamente los nombres que están hasta ahora… no lo vamos a aceptar».
A lo cual agregó la siguiente perla:
«De mantenerse las cosas como están, dejaremos que lleven su proceso como ellos quieran y veremos hasta dónde llega. A lo mejor también se lo lleva el terremoto».
Y como se debe hacer con quien la está pasando mal, Allup le lanzó un salvavidas a la ex candidata presidencial de 2024 que ganó las primarias María Corina:
«Ella tiene que estar presente en el proceso, aunque no sea físicamente, porque ella es un factor determinante dentro de la oposición».
El tema es que, como en este país las cucarachas vuelan, los monos roban celulares en el zoológico de Caricuao y desde hace 15 años siguen poniendo la canción Tiempo de Vals de Chayanne, quién quita si, en ese inventario de locuras, Dinorah ya se cree la sustituta de Machado. Porque si el mono puede robar un celular y la cucaracha volar, ¿por qué Dinorah no podría serlo? (o eso pensará ella).
Como dijo Henry al final:
«Ahorita Estados Unidos está pensando en sus intereses económicos más que en cualquier otra cosa y, por eso, va a mantener al régimen en el poder por un tiempo que no va a ser muy extenso».


